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Reír para no llorar

noviembre 14, 2012

Por Karen Untiveros

Raúl Reyes, uno de los mejores cómicos y boleristas del Perú, lucha contra el olvido y una dolorosa enfermedad que no lo deja caminar.

“Chalo” Reyes muestra uno de
sus primeros long plays de chistes.

Sentado entre sus mil quinientos discos de vinilo en su pequeña casa de  Barrios Altos, el popular “Chalo” Reyes,  parece repasar los recuerdos de sus años de gloria, entre los años 1960 y 1980 cuando era conocido por sus chistes en doble sentido musicalizados como “Madre porque me hiciste macho”.

Con dificultad,  toma sus innumerables carpetas de recortes periodísticos  y pasa las páginas describiendo cada una de las imágenes  sin detenerse,  como si fuera la letra de una canción que conoce a la perfección. Una que él mismo compuso durante toda su vida.

En medio de un tufillo a cartón viejo, abandono y olvido; este artista multifacético y referente de la comicidad peruana  sufre de una terrible artrosis a la pierna derecha.  Por otro lado, la ingratitud de un público que no recuerda su exitosa carrera como guitarrista de Lucho Barrios, sus innumerables long plays de chistes y su participación en el famoso programa humorística de Panamericana Televisión.“Hace dos años que no puedo trabajar por las artrosis” indica mientras baja la cabeza y se golpea la pierna enferma. “No puedo bailar, no puedo dar un paso. Me puedo parar un poquito, dar una vueltita, nada más”, comenta.

Historia de una vida

Desde los doce años, en Trujillo, se introdujo en la música. Inspirado por los boleros del trío Los Panchos, aprendió a tocar guitarra. Tuvo intentos fallidos de crear grupos musicales y hasta la oposición de su madre, pero nada pudo separarlo de su amor eterno: la música. “Para mi madre saber tocar la guitarra era sinónimo de borrachín. Me dio tanta rabia una tarde  que rompí mi guitarra. Años después le tocaba a mi viejita el vals para mi madre, así se llamaba. Ella me reclamaba que tocara y yo le decía; ya rompí la guitarra pues” recuerda entre risas.

Aparición en periódicos

Siendo todavía menor de edad llegó Lima  y al poco tiempo empezó su amistad con Lucho Barrios,  conocido bolerista peruano. Con él compartió giras a diferentes países alrededor del mundo.  Al preguntarle sobre su amigo Lucho, señala que el lazo de hermandad que compartían fue inquebrantable con el paso de los años. Otro de sus amigos inseparables fue Pedrito Otiniano, quien falleciera hace dos meses. Cuenta que cuando era  empresario musical resultaba muy rentable poner a sus amigos mano a mano, es decir, hacer grandes eventos en donde ellos  se enfrentaban musicalmente en el escenario. Sonríe. Recuerda como ellos siempre querían ganar a pesar de saber que solo era parte del show. Me muestra algunas fotografías.

Muchos años después, ya consolidado como guitarrista y compositor, grabó su primer disco humorístico. “En los conciertos no alcanzaba el repertorio para completar las dos horas, entonces yo tenía que hacer de animador, tenía que hacer chistes, he tenido veinte años haciendo eso”, señala.

“Chalo” recuerda que un director artístico argentino no quería darle fecha para grabar porque no creía en su talento para la comedia (pone la voz como argentino cuando narra este pasaje de su vida). Pero l utilizó su fecha de grabación como guitarrista e hizo el disco de chistes sin que el argentino se entere. Ríe a carcajadas mientras cuenta esa travesura. “Yo vendí seis meses mas que todos los artistas del momento y después de mi estaba Yola, Yola Polastri” comentó mientras sonríe.

Entre el desorden y el olvido

Se acomoda en su silla y levanta la cabeza mientras habla de los cincuenta longplays que grabó “haciéndose el gracioso”. Después de unos segundos en silencio se apoya de nuevo contra sus discos, y sin mucha gracia se queja de estar peleando un batalla para poder jubilarse. Recuerda todo el dinero que le descontaban de sus discos y lamenta no poder recibir algo ahora que lo necesita.

Por unos segundos más vuelve a quedar en silencio. Me mira. Mira hacia ningún lado. “Pero lo importante es que soy bien reconocido”, dice moviendo la cabeza a modo de afirmación. “Hace poco  Carlos Álvarez me facilitó un doctor pero no lo he utilizado porque ya saldrá mi jubilación…es muy bueno ese patín” mencionó.

“Chalo Reyes” deja por un par de minutos de sonreír. Por momentos se pierde entre sus pensamientos. “Siempre es ingrato el público” señala. “Cuando escriban mi epitafio no quiero que me pongan “Chalo” Reyes ni nada, solo mi nombre, el público es ingrato… (Sonríe sin ganas) pero conmigo no”, afirma.

Al hablar de su familia parece divagar de nuevo. No contesta, solo llama a su mascota le acaricia la cabeza y cambia de tema. Asegura

que conoció casi todo el mundo gracias a la música.

Los artistas en el Perú sufren muchos problemas y este hombre de casi ochenta años ha vivido y sigue viviendo los suyos. Sin embargo, nunca pierde la chispa que lo  caracteriza y que lo hizo tan querido entre los peruanos.

“La chispa viene  del norte yo soy de Trujillo supongo que algo tiene que ver, está en la sangre”, dice haciendo referencia al carácter festivo y pícaro de las personas del  norte de nuestro país.

Toma su guitarra y decide cantar una canción. La toca  con delicadeza mientras me mira y me advierte que no me dejara salir de su casa si no lo escucho cantar. Lanza carcajadas.

Por más que las cuerdas también tienen una edad avanzada siguen sonando con un brillo excepcional.  Canta el bolero Mi niña bonita y hace que el sonido de su voz golpee las paredes de adobe de esa casa. Los vecinos lo conocen y se asoman a las ventanas cuando lo escuchan cantar.

Uno de sus vecinos interrumpe la entrevista con una muestra de cariño. “Buena, Chalito”, grita.  Él saluda levantando el brazo, parece estar acostumbrado a cantar  con las puertas abiertas como para no perder la costumbre de tener un público aplaudiendo su arte.

Sentado entre sus mil quinientos discos de vinilo,    en algún lugar de los Barrios Altos, Raul Huamanchumo Reyes, “Chalo”, toma con dificultad sus innumerables carpetas de recortes periodísticos  y pasa las páginas  describiendo cada una de las imágenes  sin detenerse. Así lo dejamos, para que siga componiendo esa canción con los graves, agudos, bemoles y contrapuntos que tiene en su vida.

Con la compañera de su vida

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