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Ísola Apasionado

noviembre 14, 2012

Alberto Juan Bautista Ísola de Lavalle, reconocido actor y director de teatro, ganador del Luces de El Comercio como mejor actor de TV en el 2010, aceptó conceder una entrevista exclusiva a LOS INVASORES BARBAROS  en el centro cultural de la PUCP.

Alberto Ísola, actor, director y profesor de teatro. Foto: Marcel Corrales

 

Escribe: Marcel Corrales

 

Frunciendo el seño, Ísola no puede esconder la molestia. Respira un rato y se tranquiliza. Las preguntas relacionadas al presunto intento de suicidio ya parecen ser pan de cada día para él. “Eso fue dicho en una entrevista manipulada, que hizo parecer que había dicho cosas diferentes a lo que inicialmente comenté” – responde. Con un movimiento constante de manos, habla sobre el tema y sostiene que él jamás había intentado quitarse la vida. Solo tuvo un pensamiento fugaz,  en una época en la cual no había descubierto el teatro. Pasó por su mente, mas nunca realizó un acto que atentara contra su integridad física.  “Yo amo mucho la vida, el suicidio no es una opción para mí”, declara. A pesar de la molestia que sintió, no interpuso ni una sola demanda por difamación. Lo que más le molestó e indignó fueron las preguntas a sus amigos Gianella Neyra y Paul Vega. A partir de ese incidente se ha vuelto bastante reacio para brindar entrevistas.

La marea cambia, los recuerdos fugaces reaparecen en la mente del actor ¿Cómo descubrió el teatro? Paul Forgash, hermano marianista, llegó al colegio Santa María en el año 1968. Ahí conoció a un chico tímido y algo retraído, quien disfrutaba bastante leer (Ísola). Se acercó a él y le preguntó: ¿Te interesaría participar en el club de teatro? Ese fue el inicio de su afición hacia la dramaturgia. “Él es la persona a la que le debo mi carrera y mi vida” – afirma sin dudar – “Yo creo que si no hubiera tenido ese acercamiento al teatro, quién sabe que es lo qué sería de mi vida ahora”. Al año siguiente, cuando Forgash se retiraba del colegio, le encomendó al joven Alberto la responsabilidad de dirigir una obra teatral. Sobrepasando dificultades al principio, trabajó duramente y encontró su pasión.

“El nivel de la TV nacional es bastante bajo”

Escena de “La Perricholi”. Fuente: La República

 

El virrey Amat de la Perricholi nos relata con cierta vergüenza cómo fue que decidió deshacerse de su televisor. Hace un tiempo, su rutina era llegar a casa después de 14 horas de trabajo, descansar en su sofá y realizar un zapping eterno. Un buen día despertó aún vistiendo su ropa de trabajo. Fue entonces cuando se percató del gran desorden que se había generado en su vida. Era hora de tomar medidas drásticas. Decidió regalar su TV y usó las horas extra en leer montañas de libros que se habían acumulado de telarañas. 

Según cuenta, él nunca ha tenido grandes vicios. Ni a series de TV, ni al trago, ni el tabaco, ni mucho menos a la marihuana. “La única vez que la consumí era muy joven. Me quedé dormido y de ahí no volví a consumirla”. Por otro lado, le es muy fácil reconocer el vicio que tienen parte de los programas televisivos al mostrar las diversas facetas de la miseria humana.

Una dosis ligera de cólera se muestra a su alrededor cuando recuerda todo el escándalo que se hizo alrededor del topless de Melania Urbina en La Perricholi. “El virrey Amat y la Perricholi no jugaban a las muñecas”, comenta algo molesto. Para él, es mucho más terrible lo que se pasa en los noticieros por las mañanas. Con un escalofrío que le recorre el espinazo, me habla de lo terrible que debe ser para un niño despertar en la mañana y desayunar atropellados, asesinatos, etc. “Es una cosa hipócrita”.

Las anécdotas más memorables

 

Alberto Ísola como maestro de ceremonias en la APEC 2008. Fuente: Andina

                         
Alberto indaga en su memoria. Le toma un tiempo, sin embargo logra acordarse cuando un día estaba leyendo un libro en su casa, y sin previo aviso, suena el teléfono. Era su hermana Rilda preguntándole si estaría interesado en ser maestro de ceremonias del Asian-Pacific Economic Cooperation (APEC). Sin temerle a los retos, aceptó sin chistar. Después de todo, en aquella época su agenda estaba libre de ensayos de teatro.

Al llegar, le dieron un guión en inglés, el cual leyó al derecho y al revés. Sin embargo, no ayudó mucho ya que le llegaban pequeñas notas con textos incluidos a último segundo que tenía que mencionar.  Al progresar el encuentro, un ejecutivo limeño se le acercó y le preguntó en inglés de dónde venía. Lejos de enojarse por la falta de conocimiento del señor, Alberto respondió con toda cordialidad: “Yo soy de Lima y Ud. tendría que ver un poquito más de teatro”.

Después de reír un rato se le viene otro recuerdo a la mente. Esta vez no tan agradable como el primero: El día que se olvidó la letra en plena puesta en escena. A pesar de haber ensayado por meses con Héctor Saba y recordar perfectamente sus líneas, el día de la presentación todo fue diferente. Como colocar luces era costoso la obras se realizó a las tres de la tarde. Al salir a escena y ver todos los rostros del público se puso nervioso. Un rezago de su timidez o un ataque de pánico quizás, que provocó que su mente se quedara en blanco por unos segundos. Gracias a su entrenamiento actoral pudo improvisar un texto que sonaba similar al original.

¿Por qué la gente no va al teatro?

Gran Teatro Nacional. Fuente: http://www.mcultura.gob.pe

Con gran pesar y con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante, el actor reflexiona las razones por las cuáles las salas de teatro casi nunca están llenas. “Por tradición, por una serie de cosas, nosotros en el siglo XIX, nos acostumbramos a vernos solamente a través del humor, creo que para los peruanos les es muy difícil mirarse en un espejo que no sea el del humor” – inicia su explicación de manera elocuente – “no creo que sea un problema de idiosincrasia, no creo que sea algo de los limeños solamente. Tiene que ver con que nos hemos acostumbrado…  no hay en el siglo 19, salvo un par de excepciones, obras serias, y las que hay, están ambientadas en el pasado o son melodramas”. Para él, el tema económico no es un factor esencial. Acepta que las entradas al teatro son caras, ya que no se recibe ningún tipo de apoyo departe del estado. Le fastidia la gente que puede gastar sin chistar 300 soles en un concierto y se queja de los precios de las obras.

Cuando trato de incentivarlo a reclamar al Gobierno un poco de atención, afirma que sería muy poca cosa lo que podría lograr el solo. Recuerda que la única vez en que reclamó, y a gran escala, fue en el 2003, cuando el ministro Javier Silva Ruete quiso quitarle la exoneración del IGV al teatro. “De un momento a otro iba a ser imposible hacer teatro, entonces, varios de nosotros, guiados por Chela de Ferrari y Gustavo López, hicimos una suerte de happening en la Plaza Mayor, que felizmente no llegó a mayores. Fuimos todos vestidos con nuestra ropa de trabajo de obras de teatro e íbamos a escenificar un falso fusilamiento, un acto de rebeldía en contra del ministro Silvarruete y el Presidente Toledo”, afirma. Como para agregar una cereza a la torta, me cuenta que esa misma noche, el decreto se derogó.

Hablando de las acciones para generar un nuevo público consumidor de teatro me comenta: “¿Qué estamos haciendo para que esos alumnos vengan al teatro? Eso es lo que siempre me preocupa, porque a veces solo hacemos las obras y vemos quien viene ¿Nos estamos preocupando realmente por formar otro público? Ahí esta el gran deber de la política cultural frente al teatro y frente a los espectáculos”. Detesta las funciones para los escolares, lo ponen de muy mal humor. “A los pobres chicos los obligan a venir, no les explican nada, no saben nada sobre el teatro, se portan mal, tiran cosas. Para muchos de ellos, esto es algo completamente nuevo

Planes a futuro

Para él, la lucha entre la PUCP y el Vaticano es una pugna entre dos formas de ver la educación: una que cree en la obediencia y el no cuestionamiento, y otra que cree no en la desobediencia, pero si en la crítica, en la apertura y en la multiplicidad de puntos de vista y pensamientos.  “Me aterra la idea de que un espacio fundamental como es la Católica  pueda correr el riesgo de volverse un espacio donde todo lo que la hace grande desaparezca”. Afirma de forma contundente que, sin pensarlo, renunciaría si es que el Vaticano saliese victorioso de la contienda.

Por lo pronto, tiene copado su tiempo hasta el 2015. Planea realizar obras en el Centro cultural PUCP, en la Alianza Francesa y en el Teatro Larco. Cuando le pregunto hasta que edad planea hacer teatro, un pequeño nudo se ata en su garganta. Respira un rato y dice que uno debe seguir mientras no tenga problemas de memoria, oído o vista – con un empeño fuerte, pero breve, golpea la mesa de madera- ¿Qué haría al retirarse de la actuación? La ve como una fecha lejana, pero afirma que le gustaría enseñar, investigar y continuar dirigiendo obras de teatro. No planea ser ni director de cine o guionista. Por otro lado, en un futuro que espera no sea lejano,  publicará un libro sobre el teatro peruano entre 1821 y 1921, el cual busca responder, entre otras preguntas, ¿Cómo eran los primeros actores? ¿Cómo era el contacto con el público?

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2 comentarios leave one →
  1. Alberto Isola permalink
    noviembre 15, 2012 1:08 pm

    Estupenda entrevista, Muchas gracias. Alberto Isola

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